Mes: enero 2015

Problemas asociados a la fórmula del VAN

El objeto del presente trabajo reside en desarrollar y analizar las principales limitaciones del método del Valor Actual Neto (VAN), un método de valoración basado en la capacidad de generación de rentas de un proyecto de inversión o una empresa, para así, poderla valorar como un proyecto de inversión individual o, simplemente, estudiar si verdaderamente genera valor para el accionista.

Dado que una empresa es un proceso constante de actividades de financiación e inversión, es preciso seleccionar únicamente los proyectos de inversión que aporten valor a la empresa, es decir, aquellos en los que la rentabilidad generada sea mayor al coste total y, para ello, es necesario utilizar una herramienta como el VAN.

En este sentido, hemos de hacer una previsión de los flujos de gastos e ingresos que consideremos pueda generar el proyecto en un escenario realista (metodología determinista). Tras calcular los flujos de caja esperados hemos de calcular su valor actual, esto es, “traerlos” al año cero para así tener una visión efectiva de la masa monetaria neta emanada de la inversión. Este método de valoración, como digo, se denomina Valor Actual Neto (VAN), y se utiliza, según el estudio de Graham, J. y Harvey, C., en el 74.93% de las ocasiones en que se valora un proyecto. No obstante y, a pesar de ser, junto al método de la tasa interna de rendimiento (TIR), uno de los más empleados, cabe reseñar que lo acompañan una serie de limitaciones que surgen “del uso que habitualmente se hace de dicho método en el día a día”, ya que este método se gesta para valorar bonos sin riesgo, es decir, activos financieros carentes de riesgo significativo.

Tal y como se ha apuntado, este método padece determinadas restricciones, las cuales derivan de la solución pragmática que se le ha otorgado a los problemas instalados en el asiduo empleo de dicha fórmula. Así ha sido posible solventar los problemas, obteniendo  un resultado coherente y significativo.

1.- Aleatoriedad de los flujos de caja, resuelta a partir de la siguiente hipótesis: Los flujos de caja se consideran conocidos desde el inicio del análisis, es decir, se presentan como una variable cierta.

2.- Imposibilidad para determinar un riesgo medio y así poder establecer una tasa de actualización, la cual también se considera conocida y constante en un ejercicio de simplificación.

3.- Las empresas carecen de vencimiento y, por tanto, surge un problema derivado del horizonte temporal a estudiar.

4.- Si se considera finita la inversión, es preciso otorgarle determinado valor al final de su vida útil.

El primer problema surge como consecuencia de la aleatoriedad inherente a los flujos de caja, lo cual implica cierto grado de azar, es decir, que a priori no se pueden predecir, ya que están supeditados a variables tanto endógenas como exógenas. Es por ello que quedan inmersos en un ambiente de incertidumbre para el que no conocemos siquiera la probabilidad de que determinado escenario se dé. En este caso, hemos de formular diversas hipótesis para, posteriormente y, apoyándonos en la estadística, considerar un único flujo. En este sentido, podemos otorgar el grado de probabilidad de ocurrencia de forma subjetiva u objetiva.

Para asignar la probabilidad podemos seguir cualquiera de las siguientes vías, según Valls Martinez, M. C. “Métodos clásicos de valoración de empresas”:

  • Bajo los supuestos de Wald, Hurwicz, Savage, etc.
  • Considerando dos escenarios, uno pesimista y otro optimista.
  • Modelizando los datos con la distribución triangular, a partir de un resultado más probable.
  • A través de otro tipo de distribución, por ejemplo la beta simplificada.

 

De otro lado, los flujos netos de caja también pueden calcularse de forma determinista, esto es, bajo el supuesto de que están condicionados por varios parámetros. Pueden calcularse en base a la serie histórica, es decir, en base a un patrón ajustado a la coyuntura y exento de ingresos y gastos irregulares o bien, determinarse en función de una estimación más o menos fidedigna que considere la estructura de costes y rentabilidades, así como la demanda esperada, siendo conscientes de la dificultad que esto entraña.

También es posible determinar los flujos a través de un método híbrido que estipule el flujo a través de un ajuste de regresión.

Por otro lado, nos encontramos con la dificultad que estriba de establecer una tasa de actualización coherente, es decir, que se ajuste al riesgo concreto de la inversión. Lo más frecuente es asignar, como tasa de actualización, el coste de capital o el coste de oportunidad.  Otra opción sería partir de un tipo de interés base, que podría ser el tipo de interés a largo plazo carente de riesgo, y sumarle una prima de riesgo. Para Valls Martinez, la prima de riesgo ha de congregar los siguientes elementos: riesgo económico, riesgo financiero y riesgo de iliquidez.

El tercer escollo hace referencia, en el caso de valoración de empresas, al tiempo óptimo en el que estudiar el valor de la compañía, lo cual vendrá condicionado por un cúmulo de factores, tales como: estructura tecnológica, macromagnitudes, sector, tamaño e, incluso, podría considerarse la cuota de mercado, ya que esto es un indicador de la posición que la firma ocupa en el mercado y, por tanto, de si está o no consolidada.

Dicho lo cual, el disenso es tangible, ya que inclusive, hay autores que consideran la vida de la empresa finita, a pesar de la dificultad de cálculo que este escenario entraña, ya que cuanto más alejados en el tiempo nos hallamos, más difíciles de estimar son los datos. Es por ello, que la vida útil debe ser limitada, surgiendo así un problema adicional: el valor residual de la empresa en el año n.

Para este cuarto problema existe cierto grado de consenso, al considerarse un valor residual fidedigno, el valor de liquidación de la empresa en el año n, no siendo esta solución menos subjetiva que las anteriormente aplicadas.

Una reforma para la creación de empleo

El Partido Popular andaluz propone una receta explícita y directa para terminar con la desigualdad que existe entre nuestra región y el resto de Europa, ya que contamos con la tasa de desempleo más alta: el 35% de la población que puede y quiere trabajar no encuentra un empleo.

Para el Partido Popular, un modelo de baja presión fiscal es fundamental para reactivar no solo el consumo, sino también el ahorro, que constituye la base de la inversión futura y, por tanto, del tejido empresarial. Es por ello que ha presentado una reforma dirigida, fundamentalmente, a bajar los impuestos de los andaluces, vía IRPF e Impuesto de Sucesiones y Donaciones.

Las rebajas fiscales, como digo, afectarán al conjunto de la sociedad ya que son “generalizadas” e irán, en el caso del IRPF, desde el 16,67% al 7,6%, en función de la renta percibida y, en el caso del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, la disminución puede llegar al 87,6%.

Y es que vivir en Andalucía no puede ser un castigo, ya que contamos con sectores  pujantes que no están siendo impulsados por el actual gobierno. No podemos tener la mayor presión fiscal del país porque, en el actual modelo económico, las empresas se instalan en zonas más beneficiosas desde el punto de vista tributario y, con ellas, los puestos de trabajo.

Creo que esos 5.000 andaluces que han rechazado la herencia debido a la mordida que la Junta efectúa sobre la herencia, valga la redundancia, merecen un cambio de modelo basado en la eficiencia y la racionalización y contención del gasto.

Creo sinceramente que el principio de justicia debe estar presente en toda administración pública, dejando lo que al pueblo le pertenece en manos del pueblo, ya que han sido nuestros padres y abuelos los que con mucho trabajo y esfuerzo han conseguido unos ahorros modestos.

Dejemos de alimentar gasto político y administración paralela y vayamos a una sociedad rica en inversión, donde los puestos de trabajo afloren y los andaluces no seamos expulsados por carecer de oportunidades reales en nuestra tierra.

ppandaluz

Sobre el “economista” Carmona

Ayer, sábado 17  de enero, en La Sexta Noche, dijo el candidato socialista por Madrid, Antonio Miguel Carmona, algo así como que el “rescate” de España se produjo por culpa de los decretos emitidos por el ministerio de Economía.

Entiendo que hacía referencia al rescate de la banca, y me parece desproporcionado que un profesor universitario de economía haga esa afirmación. Sin embargo, este sofista, ya nos tiene acostumbrados a escuchar este tipo de afirmaciones carentes de fundamento.

Cada sábado, desde mi twitter personal, trato de corregir los errores que en no pocas ocasiones comete sobre fundamentos económicos o la crisis financiera, pero debido a la gravedad de la afirmación que ayer proclamo, le voy a dedicar con el más sincero cariño y afecto, esta columna. Va por ti.

Ciertamente, los decretos emitidos en febrero y mayo, y conocidos respectivamente como Guindos 1 y Guindos 2, no buscaban sino aportar claridad a una contabilidad bancaria opaca y maquillada, que ahuyentaba a cualquier inversor, institucional o minorista, lo cual producía el ya engañoso “problema de liquidez”, y digo engañoso porque realmente, el déficit de liquidez, era el efecto de un problema de solvencia y capital. Partiendo de este diagnóstico, lo que la banca necesitaba era, determinar el monto total de perdidas y establecer una cantidad suficiente para sanearlas y además, configurar un colchón de capital (capitalizarlas) con el objeto de hacer a las entidades más sólidas ante posibles escenarios pesimistas.

Los problemas, por tanto, estaban dentro de los balances bancarios, ni fueron sobrevenidos, ni los causo Guindos. Él tan solo hizo aflorar las pérdidas atesoradas para sanear la banca, cifrando las necesidades de capital en 54.000 millones con el decreto de febrero y en 30.000 millones adicionales con el decreto de mayo. Nos duela más o nos duela menos, el gobierno diagnosticó un problema real que otros no veían y que, como consecuencia de no verlo, ocasionó graves minusvalías a la economía española, ya que no se tomaron las medidas pertinentes y fueron, como digo, a los efectos, y no a la causa del problema.

Yo no quiero esos gestores que miran para otro lado cuando  hay que adoptar medidas difíciles pero necesarias, Carmona.

car

 

El compromiso del contribuyente

Enero es, sin lugar a dudas, uno de los meses más burocráticos del ejercicio fiscal, ya que el sujeto pasivo ha de formular, y presentar, una serie de modelos correspondientes al IVA y al IRPF, fundamentalmente.

Sin embargo, lo que hoy quiero destacar es el cambio en la normativa de presentación del Modelo 390, declaración-resumen anual del IVA, en el que “se excluye de la obligación de presentar la declaración del impuesto a aquellos sujetos pasivos del Impuesto obligados a la presentación de autoliquidaciones periódicas, con periodo de liquidación trimestral que tributando solo en territorio común realicen exclusivamente las actividades siguientes: a) Actividades que tributen en régimen simplificado del Impuesto sobre el Valor Añadido, y/o b) Actividad de arrendamiento de bienes inmuebles urbanos”. Dicho en otras palabras, aquellos usuarios que cumplan alguna de las condiciones previamente expuestas, quedarán exonerados de elaborar la copiosa declaración anual.

2014 fue un ejercicio en el que muchos usuarios no pudieron entregar la declaración debido a que no se permitió que los resúmenes anuales (390, 190, 180…) se presentarán impresos, sino que  hubo que entregarlos vía online, apoyados en el pin24h o en el certificado digital. Esta restricción supuso, como digo, un importante escollo para la mayoría de personas físicas obligadas a presentar estos documentos (meramente informativos), es por ello, que el gobierno ha adoptado una decisión inteligente, eximir a una cantidad importante de sujetos de presentar dichos modelos.

Podremos decir muchas cosas del gobierno y, especialmente de Montoro, ministro de Hacienda, pero lo cierto es que ha sido el único equipo de gobierno capaz de activar mecanismos que se venían solicitando, desde las asociaciones de pymes y autónomos, desde hace ya muchos años. El IVA de caja, que permite pagar, exclusivamente, el IVA de las facturas verdaderamente cobradas, y el “alivio burocrático” que aquí hemos visto, son buena prueba de ello.

Por cierto, no olvides que la fecha límite para presentar tanto el Modelo 303, como el 390, es el 30 de enero.

COMISIÓN GENERAL DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS DEL SENADO

 

Entrevista a dos economistas sobre el debate secesionista catalán

Autores:

José Cristian Callejón (Almería 1991); Graduado en Finanzas y Contabilidad por la Universidad de Almería. Actualmente cursa el máster oficial de investigación de Dirección de Empresa. Asimismo está presente en política universitaria desde que accedió a la universidad, además, forma parte de la ejecutiva de diversas asociaciones. Es profesor particular y analista económico en Tele Almería Noticias. Autor del libro, “El resultado de un proceso burbujístico”. 

 

Jordi Mulé (Reus, 1969); Economista colegiado en el Col·legi d’Economistes de Catalunya, licenciado en Administración y Dirección de Empresas y licenciado en Investigaciones y Técnicas de Mercado por la UOC y Diplomado en Ciencias Empresariales por la URV. Profesional del sector bancario desde 1989, escribe artículos de opinión en medios de su zona y es el creador del blog de WordPress “Economía en bambas”, consultable en la dirección www.jordimule.wordpress.com.

 

Nada mejor que poder contrastar diferentes opiniones ante un mismo hecho ya que, como es sabido, “en este mundo nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con el que se mira”. En este caso, los economistas José Cristian Callejón (@josecallejon91) y Jordi Mulé (@jordimule) analizarán  a dúo desde una perspectiva económica la actualidad más candente, el debate político en Cataluña. Este debate, como es sabido, es relevante a nivel no sólo nacional, sino también europeo y, por ello,  merece un análisis desapasionado pero riguroso, en el que cualquier aportación y punto de vista constructivos sean siempre bienvenidos.

Es preciso aclarar que las respuestas a las preguntas planteadas sólo constituyen un ejercicio de cuáles podrían ser algunos de los diferentes escenarios que se podrían dar en el caso de una hipotética secesión de la actual Cataluña, sobretodo en lo referente a algunas consecuencias económicas de tal relevante hecho.

 

Antes de comenzar, Jordi Mulé ha querido hacer una aclaración: “Mis respuestas a las preguntas planteadas constituyen un ejercicio sano de abstracción que sólo persigue aclarar ciertos conceptos desde el punto de vista de una persona de a pie y desde el enfoque de una persona residente en Cataluña, en ningún caso presupone una u otra ideología política, pues el objetivo de este artículo no es político, sino económico”

Jordi continúa recalcando que  “También quisiera recordar que alguien definió la Economía como aquella ciencia que es capaz de analizar los acontecimientos del pasado pero es incapaz de prever los del futuro. Esto es así porque la realidad está plagada de variables que nuestras teorías son incapaces de estudiar con profundidad, por lo que, seguramente, ante esta hipotética situación, los hechos evolucionarían de forma dispar y tomando caminos que hoy no se nos pueden todavía ni tan sólo ocurrir.”

 

Tras esta escueta introducción, veamos que responde cada entrevistado ante las preguntas planteadas:

 

¿Qué vínculo mantendría Cataluña con la Unión Europea después la hipotética secesión?

 

– @josecallejon91: Esta sería, sin lugar a dudas, la primera consecuencia económica de la ruptura catalana, ya que, y aunque es muy difícil hacer futuribles sobre la posible relación entre ambos estados, hay una cosa clara: Cataluña “quedaría ipso facto fuera de la Unión Europea” según la propia Unión Europea.

Tras la independencia, si el estado catalán persigue reincorporarse a la UE, se vería sometido a un prolijo periodo según indica el artículo 49 del TUE, el cual finaliza con el beneplácito de los veintiocho estados que actualmente conforman la UE, si no existe consenso, es decir, si no se aprueba la readmisión del nuevo estado por unanimidad, dicho estado no podrá formar parte de la unión, quedando ajeno  a la misma.

Este será el resultado inmediato y objetivo de una decisión política de tal magnitud.

 

– @jordimule: Ante este hecho existe controversia, por un lado hay quienes afirman que la vocación europea de Cataluña no permitiría una posible salida de la UE, por otro lado está la opinión que defiende que, puesto que una hipotética Cataluña independiente constituiría de hecho un nuevo estado, éste debería negociar de nuevo su entrada en esta organización. Debo decir que esta segunda opción puede parecer contundente de cara a la opinión pública de fuera de Cataluña pero que no está exenta de debilidades, por los motivos que expondré a continuación.

Intentando huir de connotaciones políticas, en mi opinión este hecho no debería analizarse a la ligera. Es posible que, al principio, el territorio pudiera verse fuera de la UE, pero ello no implicaría necesariamente la pérdida de la ciudadanía europea de sus siete millones de habitantes. Es decir, de repente aparecería un territorio ajeno a la UE en el corazón mismo de la UE, en una zona vital para el comercio del corredor del Mediterráneo y poblado por siete millones de ciudadanos de la UE a los que no se puede privar de la ciudadanía europea. En resumen, teniendo en cuenta que a nadie le interesará a priori una situación como la descrita, para evitar males mayores, y por interés de todos, seguramente se llegaría a un consenso, quizá no como estado de la UE de manera inmediata, pero si con algún estatus especial, del estilo de otros países, como Andorra. Otro punto a aclarar es que hay muchos países europeos que no pertenecen a la UE y que funcionan bastante bien, aprovechando una situación de neutralidad histórica que siempre les ha beneficiado y mucho, por lo que lo de pertenecer a la UE es muy importante pero debe ser puesto en su exacto término.

 

¿Cómo afectaría la secesión al comercio? ¿ y al turismo?

 

– @josecallejon91: Referente a la primera cuestión, el comercio, es importante ponerse en perspectiva, ya que aproximadamente el 65% de las exportaciones catalanas van dirigidas a la Unión Europea, con lo cual, la salida de la misma, implicaría una reducción notable de la cuota de mercado, ya que la Tarifa Exterior Común (TEC) gravaría a todos los productos, perdiendo estos, como es lógico, competitividad en el mercado internacional. Según el profesor Mikel Buesa,  los productos subirían aproximadamente un 5.7% con respecto a los precios actuales. Este encarecimiento, según la OCDE, del precio de los productos catalanes podría llegar al 20% si consideramos los costes de transacción y derivados (efecto frontera). Esto se traduce en una bajada del 3.8% del PIB Catalán. Por otro lado, nos encontramos con los acuerdos preferenciales que actualmente existen entra la Unión Europea y terceros, de los cuales  el nuevo estado no se podría beneficiar al no formar parte de la Unión Europea. Hay estudios que indican que el impacto podría suponer unas pérdidas de hasta el 20% del Producto  Interior Bruto.

Existen precedentes, como es el caso de la República Checa y Eslovaca o Eslovenia y Croacia, donde los flujos de comercio, entre los dos países protagonistas, se redujeron entre uno y dos tercios en los primeros años.

Por otro lado, nos encontramos con el turismo, el cual representa una parte importante de la economía catalana. De media, la región es visitada anualmente por unos 4 millones de turistas procedentes del resto de España y unos 15 millones de la Unión Europea. Existe el turismo procedente de negocios, el cual bajaría de forma proporcional al descenso de la actividad económica, que se ralentizará sin lugar a dudas. Por otro lado está el turismo de ocio, que también disminuirá al engrosarse la burocracia, emplear otra moneda diferente, etc.

 

@jordimule: Otra buena pregunta, pues depende. Si la secesión fuera con todas las trabas posibles, posiblemente existirían fuertes aranceles al comercio catalán, que es claramente exportador, con lo que el PIB se resentiría. Ahora bien, un simple análisis desapasionado de esta cuestión nos debería dar cuenta de que esta situación, por sentido común, no sería demasiado duradera por dos motivos:

El primero es que es fácil suponer que tanto habría aranceles para los productos catalanes como para los productos europeos que quisieran entrar o pasar por Cataluña, incluidos los del resto de España, por aquello de la reciprocidad.

El segundo recae en la posición geográfica del territorio catalán y la falta de infraestructuras que, de momento, substituyan a las que pasan por Cataluña; en pocas palabras, no hay alternativa plausible para el comercio por carretera o tren que no pase por territorio catalán. No es difícil pensar que las trabas al comercio catalán llevaran a trabas al comercio en el corredor mediterráneo hasta que se construyeran nuevas infraestructuras que evitaran el territorio catalán, que prácticamente no existen en este momento y que éstas, además, fueran continuadas por los vecinos franceses, pues no vale aquello de quedarse en la frontera y basta. Tengamos en cuenta el coste que ello supondría para España y para Francia y no olvidemos que Francia está entrando en recesión; es decir, que las consecuencias negativas las viviría toda Europa.

Por ello, igual que en el anterior punto, personalmente prefiero imaginar un acuerdo político que permitiera el libre comercio, como hasta ahora.

Respecto el turismo, ciertamente éste siempre se ve resentido por las crisis políticas, a la bajada del turismo durante este año por lo de Ucrania me remito; ahora bien, seguro que éste se recuperaría cuando se aclarara el asunto político, máxime teniendo en cuenta el potencial de la marca Barcelona, la calidad de los servicios turísticos de Cataluña y el carácter emprendedor de los catalanes; en este sentido, el turismo se podría recuperar más rápido de lo que a priori sería previsible.

 

– ¿Afectaría la secesión catalana a su tejido productivo y empresarial? ¿Se vería envuelto en una espiral de deslocalización?

 

– @josecallejon91: Independientemente de la forma en que se plantee la independencia y el modo de proceder por parte tanto del gobierno central como regional, la deslocalización sería inevitable. La incertidumbre estaría presente en todo momento, siendo está un riesgo muy difícilmente medible por las empresas y, por tanto, muchas de las cuales optarán por trasladarse  a un espacio más consolidado, donde la seguridad institucional y jurídica no esté sometida a fluctuaciones políticas.

El tejido productivo incurrirá en un proceso de descomposición interna, siendo las principales afectadas y, por tanto, las que desaparecerán del escenario catalán con mayor probabilidad, las filiales de firmas multinacionales, que verán un “estrechamiento del mercado” inmediato. El sector químico y el de automóvil serán los más perjudicados.

 

– @jordimule: Esta cuestión también dependería del escenario en el que se produjera la hipotética secesión. Evidentemente, si el nuevo estado fuera inestable jurídica o políticamente, la deslocalización podría ser un hecho, no olvidemos que la inversión de todo tipo, y la empresarial en particular, tiene en general bastante miedo de las incertidumbres. Aún así, de momento, con toda la tormenta política existente, no parece que ninguna empresa por ahora haya optado por hacer sus maletas; quizá den por descontado que no habrá conflicto alguno o quizá no les preocupe tanto como puede parecer. Por otro lado, un estado independiente y soberano también podría legislar al respecto y ofrecer interesantes estímulos para evitar situaciones de deslocalización. Personalmente, prefiero imaginar un escenario un poco más amable, teniendo en cuenta las reflexiones anteriores sobre la situación geográfica del territorio catalán y sus magníficas vías de comunicación por tierra o mar.

 

– ¿Y a los mercados? Es decir, ¿se cuestionaría la viabilidad de la moneda común?

 

– @josecallejon91: Este sería uno de los muchos efectos secundarios que dicha decisión produciría en el conjunto de la sociedad europea. Los mercados son los primeros entes que descuentan este tipo de planteamientos y, por supuesto, cambios tan radicales en la estructura de la Unión Europea supondrían una bajada considerable de la capitalización bursátil de las principales empresas, especialmente de aquellas que se hallen insertadas en el centro neurálgico.

La moneda común, el euro, necesita, al igual que las empresas, de estabilidad, ya que, al ser una moneda relativamente joven, aún no se halla plenamente consolidada y, esto, unido a otras cuestiones, puede derivar en la desaparición de la misma.

No obstante, creo que este escenario sería muy poco probable. Las bolsas bajarían, sí, pero solo durante un breve periodo de tiempo, ya que cuando los inversores estimen que el valor de mercado está por debajo del valor teórico, volverá a fluir el dinero hacia el mercado bursátil. Referente al euro, supondrá un escollo, pero no se traduciría en la desaparición del mismo.

 

– @jordimule: Éste es otro punto que refuerza las tesis anteriores; vamos a ver, si sólo algún rumor de propagación de una enfermedad en África afecta sobremanera a los mercados, ¿qué se podría decir respecto al euro si, de repente, un territorio que tiene el euro como moneda es expulsado de la UE y se le obligara a abandonar esta moneda? ¿Dónde quedaría el prestigio de Europa como territorio de tolerancia y democracia? No lo quiero responder, pues me da pavor. Aparte, ¿a alguien se le puede antojar como posible que Cataluña debiera dejar el euro, máxime habiendo Estados que lo tienen como moneda y no pertenecen a la UE?

Una salida de Cataluña de Europa o del euro podría ser una debacle para Cataluña, totalmente de acuerdo, pero no olvidemos que también podría serlo para el resto de España y para Europa, cuyo prestigio financiero igual tardaría mucho en volver a ser el que fue. Por ello, vuelvo a insistir en que, dejando aparte temas sentimentales, en el caso hipotético que estamos estudiando, seguramente se llegara a un consenso que evitara la crisis económica europea que sucedería a un hecho político tan relevante.

 

– Referente a la deuda, ¿sería ésta impagable por el nuevo estado?

 

– @josecallejon91: Este sería un problema abrumador que normalmente se omite o no se le da la importancia que verdaderamente tiene. Ciertamente la deuda sería impagable. Por un lado destacar que Cataluña es la comunidad autónoma más endeudada del territorio español, atesorando una deuda de más del 30% de su PIB. En paralelo tendría la parte que le corresponde del gobierno central, llegando así la ratio de endeudamiento al 80%. Además de ello, le resultaría imposible adherirse a los mecanismos de financiación impulsados tanto por la Unión Europea como por el Gobierno Central (BCE, MEDE, FLA y PPP).

Asimismo, y teniendo en cuenta que la recaudación impositiva se desplomaría, el gobierno catalán se vería obligado a incrementar el pasivo, generando por tanto más deuda y mayor gasto en intereses.

 

-@jordimule: En caso de secesión, los dos nuevos estados resultantes (porque el resto de España devendría, de hecho, un nuevo Estado), se deben repartir la deuda pre-existente en proporción. Ahora bien, dependiendo del criterio de repartición, cada estado debería asumir una parte mayor o menor de tal deuda; si fuera por territorio, sería un criterio; por población, otro o por peso económico, otro. Posiblemente, en cualquier caso, la deuda que quedara en parte catalana fuera difícil de digerir pero para eso están los tratados internacionales, la renegociación de la deuda, etc.

– Otro argumento hace referencia a la famosa balanza fiscal, la diferencia entre lo impuestos que Cataluña recauda y los ingresos que recibe del Estado. Si suponemos que Cataluña se independizara, también podemos suponer que los ingresos del nuevo Estado derivados de los impuestos también se incrementarían, porque se dejarían de aportar fondos al actual Gobierno Central; por ello, a priori, la devolución de la Deuda también sería más fácil. De todos modos, quedaría por ver cómo quedarían estos ingresos públicos si realmente sucediera una bajada significativa del PIB y, por ende, de la recaudación impositiva.

-Es decir, vuelvo a insistir en que todo dependería de cómo se llevara a cabo esta hipotética secesión; si ésta fuera inevitable y se realizara con algún acuerdo o que se realizara sin él. Deberíamos ver los términos de esta hipotética secesión para poder dar una opinión correcta. No olvidemos que la vocación comercial catalana recae en las exportaciones; si se puede exportar sin trabas, se generarán suficientes ingresos públicos para afrontar cualquier situación, si se viviera una situación de embargo permanente, pues no.


-¿Cómo sería el futuro de ambas naciones?

 

– @josecallejon91: En términos económicos, ambas se devaluarían. En ese sentido, la viabilidad catalana quedaría supeditada a los vínculos que mantenga tanto con España como con el resto de Europa. Por ejemplo, es poco probable que Cataluña pueda seguir utilizando la moneda común, ya que el Banco Central Europeo debe emitir un informe avalando esta posibilidad y, debido al tamaño del nuevo país, el BCE podría mostrarse reticente. En definitiva, con la secesión todos perdemos, pero sin lugar a dudas, Cataluña sería la principal perjudicada.

Es preciso, por tanto, que los delegados del pueblo se sienten y traten de buscar puntos de convergencia, solo así se podrá parar esta descabezada senda en la que ningún colectivo sale ganando. Además, teniendo en cuenta que Cataluña ocupa un lugar geográfico estratégico, la independencia no impedirá que existan vínculos, por minúsculos que sean, es decir, que la relación es y será inevitable, suceda lo que suceda.

 

– @jordimule: Sinceramente, personalmente preferiría un futuro en el que todos pudiéramos vivir en el mismo país, como hasta ahora, pero me gustaría un formato más pluricultural, algo así como Canadá, no con el desconocimiento que creo sinceramente que todavía actualmente existe sobre la realidad social y lingüística del país. También debo añadir que, como a tantos y tantos catalanes, me sorprende la actitud de algunos en esta cuestión, a veces bastante irresponsable y desinformada. Se trata de un tema político que debiera haberse abordado mucho antes, sin frivolidades, sin achacarlo a los deseos de unas pocas personas y evitando echar tanta y tanta leña al fuego desde aquellos medios de comunicación que parecen más pendientes de sus audiencias y desde algunos partidos que parecen más pendientes de conseguir votos con rapidez que del daño infligido a nuestra sociedad a medio plazo.

Dejando aparte estas connotaciones, en caso de secesión no podríamos vivir enfrentados por toda la eternidad, nuestra historia común así lo reclamaría; quién sabe si al final acabáramos formando algo parecido a la Commonwealth británica, en un territorio de libre circulación de personas y trabajadores pero donde cada uno tuviera su propia organización política.

Pánico en las bolsas

“Es una reacción a la sobrerreacción de los últimos días” afirma Alejandro Varela, gestor de fondos en Renta 4, apelando al repunte que experimentó la bolsa el pasado viernes, tras una caída acumulada del 10.69% desde el 5 de septiembre.

No existe consenso acerca del escenario bursátil, ¿corrección o cambio de tendencia? La mayoría de los analistas coinciden en que se trata de una corrección “tras dos años de subidas casi ininterrumpidas”, es por ello que las 4 últimas semanas han estado caracterizadas por perdidas, sin embargo, también hay quien afirma que las caídas están basadas en fundamentales: ralentización de  China, estancamiento europeo y unos datos estadounidenses deteriorados con respecto a las previsiones, por tanto, también podría afirmarse que se trata de un cambio de tendencia. Para Nuria García, por ejemplo, solo unas políticas fiscales agresivas podrían solventar el riesgo de estancamiento.

En mi opinión, tanto la alta volatilidad supurada por el mercado como las caídas sostenidas, no son más que un síntoma de la fase alcista, la cual necesitaba corregir para afianzar la apreciación y preparar un nuevo impulso. Por otro lado, esta corrección ha estado motivada por causas objetivas aunque difícilmente cuantificables, como las previamente mencionadas, la situación de los emergentes, el ébola o el debate secesionista. Asimismo, el análisis técnico y su efecto “bola de nieve” han sido determinantes para alimentar la bajada y hacerla más pronunciada de lo que probablemente se podía esperar.

Creo, por tanto, que este descenso generalizado de los principales índices europeos y americanos, no va a trasladarse a la economía real, sino que, por el contrario, puede propiciar subidas más sólidas e intensas en el medio plazo.

Por otro lado, debemos ser especialmente cautos y, los políticos, deben mirar con precaución a los mercados, ya que son estos quienes anticipan las recesiones, aplauden las reformas o impulsan el crecimiento.

Volatilidad, riesgo e interdependencia, son las palabras claves del escenario bursátil.

Hasta aquí puedo leer.

@josecallejon91

panico

Contabilidad: retos de futuro

La contabilidad representa un lenguaje empresarial mediante el cual se presenta la imagen fiel de la situación financiera de una empresa determinada. Es fundamental, por tanto, una armonización contable que permita comparar compañías de diferentes áreas geográficas para que los variados agentes, -desde la administración hasta el trabajador, pasando por el accionista- conozcan la situación económica y financiera de la empresa. La contabilidad es sinónimo de transparencia, es un cómputo de leyes que desembocan en un auténtico lenguaje.

Para evitar fraude fiscal, impagos y otros elementos de naturaleza análoga es fundamental disponer de una contabilidad eficaz y efectiva que sea garante de que lo que se muestra es completamente veraz y verificable.

Gowex o Pescanova reflejan la verdadera importancia que ostenta esta regulación, pues sus cuentas fueron maquillas con las consecuencias que ello implica. Incluso España no incluyó en el computó algunas cuentas para así, reducir el déficit o el coeficiente de endeudamiento. Además, las entidades financieras se sumaron a esta práctica, con el consiguiente efecto que ello implica en la ciudadanía.

Efectivamente, los entidades financieras, y principalmente las cajas de ahorro, han maquillado su contabilidad, derivando esto en perjuicios evidentes para el conjunto de los españoles.

Es por ello que el ministro de economía, Luis de Guindos, adoptó medidas claves para combatir estas imperfecciones amparadas en resquicios legales. Sus decretos han ido, como digo, enfocados a impulsar un mayor número de provisiones bancarias de carácter general, esto es, provisiones sobre activos catalogados como normales que han sido falseados con asiduidad a través de refinanciaciones de activos de dudoso cobro. Otro aspecto clave de la contabilidad, que el gobierno ha combatido con rigor, ha sido el llamado “capital ficticio”, es decir, cuentas de capital latente que no representan un mayor grado de solidez de la entidad afectada.

Sin duda, el gobierno está adoptando medidas verdaderamente relevantes que no buscan sino aumentar la transparencia y eliminar, por tanto, la asimetría de información, facilitando las transacciones eficientes.

@josecallejon91