Entrevistas

Dos economistas, dos visiones ante los mercados y la crisis financiera

Los mercados financieros han adquirido actualidad desde que la crisis irrumpió en 2007. Ahora bien, ¿son los mercados los causantes de la crisis, o bien lo es la manera en que los utilizamos? Veamos dos opiniones profesionales al respecto.

Los autores:

José Cristian Callejón (Almería 1991); graduado en Finanzas y Contabilidad por la Universidad de Almería. Ha obtenido el máster oficial en Dirección de Empresas tras finalizar el grado y está presente en política universitaria desde que accedió a la universidad; además, forma parte de la ejecutiva de diversas asociaciones. Ha trabajado en la Universidad de Almería, es analista económico en Tele Almería Noticias y actualmente desempeña labores de administración y gestión en el sector privado. Es el autor del libro “El resultado de un proceso burbujístico” y del blog que lleva su nombre www.josecristiancallejon.wordpress.com.

 

 Jordi Mulé (Reus, 1969); Economista colegiado en el Col·legi d’Economistes de Catalunya, licenciado en Administración y Dirección de Empresas y licenciado en Investigaciones y Técnicas de Mercado por la UOC y Diplomado en Ciencias Empresariales por la URV. Profesional del sector bancario desde 1989, escribe artículos de opinión en medios de su zona y es el creador del blog de WordPress “Economía en bambas”, consultable en la dirección www.jordimule.wordpress.com.

 

foto.- José Cristian y Jordi Mule

 

¿Qué implicaciones y connotaciones tiene el término “mercado”?

@josecallejon91: Yo destacaría las connotaciones negativas que en la última etapa se han vertido sobre este término; tanto es así que hemos conseguido, por desgracia, desvirtuarlo. El ámbito mediático ha tenido mucho que ver, desde luego, pero sobre todo la necesidad de culpar a alguien externo de los desequilibrios acumulados en esta etapa: elevado desempleo, restricciones presupuestarias, acumulación de pasivo… Sin embargo, los mercados financieros son esenciales y están directamente asociados al desarrollo económico de cualquier sociedad. Imagina una persona con una renta de 1.000€ mensuales. Con la ausencia de mercados financieros esta persona podrá gastar un máximo de 1.000€, sabiendo que si gasta menos tendrá que guardar en el colchón el remanente, lo cual implica asumir un coste de oportunidad y una pérdida de poder adquisitivo, es decir, menor poder de compra en el futuro. Si introducimos los mercados, en el amplio sentido de la palabra, este sujeto tendrá dos nuevas opciones: aumentar el consumo futuro invirtiendo el remanente y obteniendo así un rédito que le permita mantener o ganar una cantidad adicional al capital inicial o, por el contrario, pedir un crédito y aumentar el nivel de consumo presente. Esto, en una economía agregada, es un arma muy potente, pues permite que el tejido empresarial se desarrolle y además dota de liquidez al pequeño inversor.

@jordimule: Muchas y muy variadas, un mercado en general no deja de ser un espacio en el que intercambiar bienes o servicios, un lugar donde se fija el precio final de este o aquel bien o servicio en función de una oferta y una demanda y donde se pone en contacto a los actores de las transacciones, a los oferentes y a los demandantes, cosa que sería harto difícil sin la existencia de un mercado regulado. Esta misma definición nos sirve si nos referimos en particular a los mercados financieros, si bien la definición sería muy similar a la anterior, en este caso diremos que lo que se intercambia en este espacio concreto son servicios y productos financieros. Este intercambio debe ser hecho siempre cumpliendo con los principios fundamentales que deben regir en todo mercado, como son la libertad en la fijación de los precios o en el acceso al mercado financiero,  la transparencia en los mismos, tanto en lo que respecta a la información de los productos que es estos se ofrezca, como al respecto de su precio y la existencia de una normativa aplicable y enfocada a la protección del inversor.

 

¿Crees por tanto, que los mercados han propiciado la crisis o que, por contra, constituyen el tratamiento contra ésta?

@josecallejon91: La respuesta fácil sería culparlos, claro. Pero lo cierto es que la crisis se gestó como consecuencia de las políticas monetarias que se impulsaron con el objeto de dejar atrás la crisis de las puntocom. Este fue el elemento fundamental que la propició. Por otro lado, sería irresponsable no reconocer que la crisis se ha extendido a través de los mercados, por ejemplo, un ahorrador alemán podía tener sus fondos invertidos en CDO (Collaterized Debt Obligations), especialmente en Mezzanine y Equity, que eran los paquetes de peor calidad aunque, eso sí, los que generaban una rentabilidad superior (10-15%), y todo ello a partir de una hipoteca (podría ser española) que nunca se pagaría. El ahorrador alemán no sabía nada de esto.

En este sentido es normal que la ciudadanía exija más control con el fin de evitar situaciones opacas e irregulares, sin embargo, con la Ley de 8 de noviembre de 2002 de Medidas de Reforma del Sistema Financiero, se acrecentó la regulación como consecuencia del clamor popular ante irregularidades contables y uso de información privilegiada. No olvidemos que los órganos supervisores son el Banco de España, la CNMV, y la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, es decir, que no es baladí.

@jordimule: En mi opinión los mercados no son para nada los causantes de la crisis financiera, hoy en día no se entendería la Economía sin la existencia de los mercados; los mercados son un instrumento al servicio de las transacciones, de la Economía y las crisis son ciclos adversos provocados por la suma de multitud de factores. Alguien dijo en su día que un economista es aquella persona que es capaz de analizar el pasado pero que es incapaz de predecir el futuro, ¿qué significa esta afirmación? en pocas palabras, que la ciencia económica usa modelos para intentar entender la realidad y poder prever situaciones, pero los modelos con los que trabaja puede ser que no hayan tenido en cuenta algunas variables importantes, no por desidia, simplemente porque tal variable no se haya manifestado nunca antes. Por lo tanto, los factores desencadenantes de una crisis pueden ser muy diversos, y un uso incorrecto de los mercados pueden ser un detonante, un catalizador de una crisis, pero nunca una causa de la misma en el sentido estricto.  Evidentemente, entre ellos estaría el uso particular que se pueda hacer de los mercados.

Por otro lado, y respecto a la segunda parte de la pregunta, la de si los mercados son un tratamiento contra las crisis, yo opino que una vez detectadas las diferentes causas de una crisis, si entre éstas está el uso indebido, incorrecto o lo que fuere de algún tipo de mercado financiero, lo que se debe hacer es cambiar la normativa de acceso al mismo y sus normas de funcionamiento, de tal manera que se evite esta situación en el futuro. Por ejemplo, el año pasado, ante la crisis de Gowex, empresa que cotizaba en el mercado alternativo bursátil (algo así como la Bolsa para empresas pequeñas) que afectó a la credibilidad de tal mercado alternativo, se decidió cambiar la regulación del mismo, racionalizando los requisitos exigible a cualquier empresa para empezar a cotizar. Por tanto, no es que regular normativamente mejor un mercado sea un tratamiento único contra una crisis, ya que las crisis se combaten además mediante  políticas macroeconómicas que afectan de la forma deseada a los mercados. Realmente, lo correcto sería la combinación de unas políticas económicas adecuadas y de cambios regulatorios diseñados a posta para evitar la repetición de ciertos hechos. En resumen, si incidimos en la Economía de la manera adecuada y el funcionamiento del mercado es el correcto, el resultado será el deseado.

 

En España, la banca ocupa un lugar fundamental en el desarrollo empresarial, ¿qué cambios destacarías en esta etapa de crisis?

@josecallejon91: Tradicionalmente, los recursos bancarios han ocupado el monopolio de la financiación, es decir, que salvo las grandes compañías del Ibex-35, las empresas se han financiado a través de dos vías; la banca (pasivo) y capital y reservas (fondos propios). Sin embargo, el sobredimensionamiento de ésta, la alta dependencia de los mercados internacionales y la excesiva exposición al ladrillo, la hicieron incurrir en la crisis financiera iniciada a finales de 2007. Como consecuencia, el sector bancario (bancos, cajas de ahorro y cooperativas de crédito) ha tenido que hacer frente a reformas estructurales importantes. Las que a continuación cito son algunas de ellas:

Los cambios, como apunto, han sido realmente amplios y estructurales. Se ha reducido notablemente su presencia en forma de sucursales, recordemos que teníamos 1 sucursal por cada 1.000 habitantes cuando la media europea  era de 1 por cada 2.000. Las fusiones, absorciones y acuerdos contractuales, con el objeto de bancarizar el sistema (fundamentalmente las cajas de ahorro) y dotarlo de mecanismos que le permitan aumentar la eficiencia y competitividad, también han sido abundantes, dejando a las Cajas de Ahorro en un lugar anecdótico (actualmente sólo hay 2 y representan el 0,02% del sistema bancario, el resto se han convertido en “grupos bancarios”). El espacio que había entre depósitos y créditos (conocido como apalancamiento o GAP) también se ha reducido notablemente. Además se han creado mecanismos e instrumentos como el FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) para facilitar una remodelación adecuada. También destacaría la Sociedad de Gestión de Activos. Tampoco podemos olvidar las entidades nacionalizadas y participadas por el sector público, así como las destacables exigencias de capital y los stress test. Sin embargo, la reestructuración ha sido “razonable”, es decir, han sido cambios que se ajustan a la sociedad actual. La burbuja financiera, o de tipos de interés, fue la que realmente generó cambios muy poco racionales, por ejemplo, la banca siempre ha prestado el dinero que ha recibido en forma de depósitos, sin embargo en este periodo previo a la crisis comenzó a pedir dinero en los mercados internacionales para aumentar el ritmo de concesión de préstamos e involucrarse en el lucro del ladrillo. Por tanto, estos cambios no han sido más que el ajuste a unas pautas comportamentales irracionales.

@jordimule: La crisis ha propiciado lo que yo, sin ánimo de ser ambicioso, definiría como una “Revolución bancaria”. Hasta 2007 existían principalmente en España tres tipos de entidades financieras, los bancos, las cajas de ahorro y las cooperativas de crédito (hay más tipos, como los EFC y otros, pero no creo que venga al caso del tema que nos ocupa). Los bancos acometieron su reestructuración allá por los años ochenta y noventa del siglo pasado, y esta reestructuración se hizo primando criterios empresariales, la presentación del máximo beneficio posible a los accionistas. Esta primera reestructuración dio como resultado que el número de bancos (no cajas) de antes de crisis fuera muy parecido al actual, se pueden contar con los dedos de la mano los bancos realmente potentes en este país, y estos no han sufrido demasiado con la crisis, al contrario, han absorbido entidades con problemas y han aumentado de tamaño.

La crisis se cebó en el sector de las cajas de ahorro, entidades que, al contrario de los bancos, no funcionaban principalmente mediante criterios empresariales, sino que respondían a criterios de tipo territorial. Antes de la crisis se contabilizaban unas cuarenta y cinco cajas; hoy en día, quedan bien pocas.

El sector de las cajas vivió una gran expansión que empezó allá por los noventa del siglo pasado y que movió a la gran mayoría a dejar su zona de influencia tradicional y buscar el crecimiento en otras zonas, este crecimiento se basó en alguna medida en apostar por el mercado inmobiliario, en financiar promociones inmobiliarias y compraventas de vivienda. El auge sostenido de los precios inmobiliarios hizo que este negocio floreciera y se incrementara sin parar, hasta que el parón de repente del mercado inmobiliario diera al traste con cientos y cientos de inversiones, por lo que la morosidad se disparó, afectando a los balances de estas entidades y forzando diferentes salidas en cada caso, nacionalizaciones, conversiones en bancos, fusiones…

Por lo tanto, antes de la crisis existían en España una serie de bancos y cuarenta y cinco cajas de ahorro. Obsérvese la situación actual y seguramente se estará de acuerdo conmigo, ha habido una auténtica revolución.

 

¿Y en el conjunto de los mercados financieros?

@josecallejon91: También ha habido cambios significativos. Han surgido instrumentos y normativa tanto nacional como continental, aunque la verdadera revolución la sufrieron a finales del siglo pasado, con el auge tecnológico y la mejora de las comunicaciones. No obstante, creo que esta crisis va a abrir un amplio periodo de cambios (también en disciplinas como la fiscal) que tenderá a unificar la maraña de mercados regulados existentes.

@jordimule: Ciertamente, tal y como comentaba anteriormente, los cambios en los mercados han sido sobretodo de tipo regulatorio; endurecimiento de los criterios de las agencias de calificación o “rating”, mejora en la normativa Mifid de cara a proteger al inversor ante la comercialización de ciertos productos financieros, la eliminación de instrumentos financieros usados por los mercados antes de la crisis más o menos frecuentemente, mejoras en la exigencia de capital propio o “core capital” a las entidades financieras o cambios en la manera de provisionar la morosidad por parte de las entidades financieras. Seguramente me deje muchos, pero son un pequeño ejemplo de lo que antes comentaba, mejorar la norma para, conjuntamente con las políticas económicas correctas, ayudar a combatir y paliar los efectos de las crisis.

 

Por último, nos gustaría conocer vuestra visión de futuro acerca del Euro y la Unión Europea en su conjunto.

@josecallejon91: La moneda común es un elemento que garantiza la estabilidad y seguridad financiera, sin embargo, no debemos olvidar que fue una burbuja de tipos de interés la que inflamó la burbuja productiva. A pesar de esto, que igualmente se habría producido con una moneda nacional, el euro aporta confianza, que es el pilar básico y fundamental de la moneda fiduciaria.

Sobre su supervivencia, creo sinceramente que no hay peligro para estos dos elementos, sin embargo, sobre la permanencia de determinadas economías no estoy tan seguro. Grecia permanecerá en el euro hasta la próxima crisis de confianza, y ese será el momento clave. Como europeísta no me gustaría una ruptura en ningún sentido.

@jordimule: La Unión Europea y el euro en su conjunto han sido muy positivos, tanto para los países miembros, como para sus ciudadanos. No obstante, lo cierto es que el funcionamiento mismo de la Unión no es unitario, es terríblemente difícil tomar decisiones en el seno de la UE. Por otra parte, ciertos países gozan en ella de una preponderancia innegable y la misma UE no ha dejado todavía de ser una asociación de estados, no una asociación de europeos; se intentó en su día con la malograda Constitución europea y en su fracaso está en mi opinión el quid de la cuestión. Todos los ciudadanos europeos deberíamos ser a la larga iguales pero hoy en día no es así; por ejemplo, un ciudadano griego es tan europeo como un alemán pero hoy en día evidentemente no goza del mismo estatus. Es decir, los estados han cedido gran parte de su soberanía económica a la UE, pero continúan manteniendo toda su soberanía política, y todas sus deudas individuales; se ha hablado muchas veces de unificar las deudas o, al menos, armonizarlas mediante los “Eurobonos”, pero ello no interesa a los socios principales de la UE. En el caso griego, Grecia no puede aplicar políticas económicas tradicionales para luchar contra su déficit, como podría ser por ejemplo devaluar su moneda, no puede devaluar el euro porque esta decisión atañe a las autoridades monetarias europeas, no a los países individuales, por lo que debe dejarse llevar como único recurso por las políticas de austeridad dictadas por sus propios socios y, además, pagar puntualmente sus deudas. Todo ello hace que sus ciudadanos (también europeos) deban pasar penurias cuando uno de los pilares de la Unión Europea debiera ser buscar el mayor bienestar posible para todos sus ciudadanos, ¿contrasentido? Quizás.

Entrevista a dos economistas sobre el debate secesionista catalán

Autores:

José Cristian Callejón (Almería 1991); Graduado en Finanzas y Contabilidad por la Universidad de Almería. Actualmente cursa el máster oficial de investigación de Dirección de Empresa. Asimismo está presente en política universitaria desde que accedió a la universidad, además, forma parte de la ejecutiva de diversas asociaciones. Es profesor particular y analista económico en Tele Almería Noticias. Autor del libro, “El resultado de un proceso burbujístico”. 

 

Jordi Mulé (Reus, 1969); Economista colegiado en el Col·legi d’Economistes de Catalunya, licenciado en Administración y Dirección de Empresas y licenciado en Investigaciones y Técnicas de Mercado por la UOC y Diplomado en Ciencias Empresariales por la URV. Profesional del sector bancario desde 1989, escribe artículos de opinión en medios de su zona y es el creador del blog de WordPress “Economía en bambas”, consultable en la dirección www.jordimule.wordpress.com.

 

Nada mejor que poder contrastar diferentes opiniones ante un mismo hecho ya que, como es sabido, “en este mundo nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con el que se mira”. En este caso, los economistas José Cristian Callejón (@josecallejon91) y Jordi Mulé (@jordimule) analizarán  a dúo desde una perspectiva económica la actualidad más candente, el debate político en Cataluña. Este debate, como es sabido, es relevante a nivel no sólo nacional, sino también europeo y, por ello,  merece un análisis desapasionado pero riguroso, en el que cualquier aportación y punto de vista constructivos sean siempre bienvenidos.

Es preciso aclarar que las respuestas a las preguntas planteadas sólo constituyen un ejercicio de cuáles podrían ser algunos de los diferentes escenarios que se podrían dar en el caso de una hipotética secesión de la actual Cataluña, sobretodo en lo referente a algunas consecuencias económicas de tal relevante hecho.

 

Antes de comenzar, Jordi Mulé ha querido hacer una aclaración: “Mis respuestas a las preguntas planteadas constituyen un ejercicio sano de abstracción que sólo persigue aclarar ciertos conceptos desde el punto de vista de una persona de a pie y desde el enfoque de una persona residente en Cataluña, en ningún caso presupone una u otra ideología política, pues el objetivo de este artículo no es político, sino económico”

Jordi continúa recalcando que  “También quisiera recordar que alguien definió la Economía como aquella ciencia que es capaz de analizar los acontecimientos del pasado pero es incapaz de prever los del futuro. Esto es así porque la realidad está plagada de variables que nuestras teorías son incapaces de estudiar con profundidad, por lo que, seguramente, ante esta hipotética situación, los hechos evolucionarían de forma dispar y tomando caminos que hoy no se nos pueden todavía ni tan sólo ocurrir.”

 

Tras esta escueta introducción, veamos que responde cada entrevistado ante las preguntas planteadas:

 

¿Qué vínculo mantendría Cataluña con la Unión Europea después la hipotética secesión?

 

– @josecallejon91: Esta sería, sin lugar a dudas, la primera consecuencia económica de la ruptura catalana, ya que, y aunque es muy difícil hacer futuribles sobre la posible relación entre ambos estados, hay una cosa clara: Cataluña “quedaría ipso facto fuera de la Unión Europea” según la propia Unión Europea.

Tras la independencia, si el estado catalán persigue reincorporarse a la UE, se vería sometido a un prolijo periodo según indica el artículo 49 del TUE, el cual finaliza con el beneplácito de los veintiocho estados que actualmente conforman la UE, si no existe consenso, es decir, si no se aprueba la readmisión del nuevo estado por unanimidad, dicho estado no podrá formar parte de la unión, quedando ajeno  a la misma.

Este será el resultado inmediato y objetivo de una decisión política de tal magnitud.

 

– @jordimule: Ante este hecho existe controversia, por un lado hay quienes afirman que la vocación europea de Cataluña no permitiría una posible salida de la UE, por otro lado está la opinión que defiende que, puesto que una hipotética Cataluña independiente constituiría de hecho un nuevo estado, éste debería negociar de nuevo su entrada en esta organización. Debo decir que esta segunda opción puede parecer contundente de cara a la opinión pública de fuera de Cataluña pero que no está exenta de debilidades, por los motivos que expondré a continuación.

Intentando huir de connotaciones políticas, en mi opinión este hecho no debería analizarse a la ligera. Es posible que, al principio, el territorio pudiera verse fuera de la UE, pero ello no implicaría necesariamente la pérdida de la ciudadanía europea de sus siete millones de habitantes. Es decir, de repente aparecería un territorio ajeno a la UE en el corazón mismo de la UE, en una zona vital para el comercio del corredor del Mediterráneo y poblado por siete millones de ciudadanos de la UE a los que no se puede privar de la ciudadanía europea. En resumen, teniendo en cuenta que a nadie le interesará a priori una situación como la descrita, para evitar males mayores, y por interés de todos, seguramente se llegaría a un consenso, quizá no como estado de la UE de manera inmediata, pero si con algún estatus especial, del estilo de otros países, como Andorra. Otro punto a aclarar es que hay muchos países europeos que no pertenecen a la UE y que funcionan bastante bien, aprovechando una situación de neutralidad histórica que siempre les ha beneficiado y mucho, por lo que lo de pertenecer a la UE es muy importante pero debe ser puesto en su exacto término.

 

¿Cómo afectaría la secesión al comercio? ¿ y al turismo?

 

– @josecallejon91: Referente a la primera cuestión, el comercio, es importante ponerse en perspectiva, ya que aproximadamente el 65% de las exportaciones catalanas van dirigidas a la Unión Europea, con lo cual, la salida de la misma, implicaría una reducción notable de la cuota de mercado, ya que la Tarifa Exterior Común (TEC) gravaría a todos los productos, perdiendo estos, como es lógico, competitividad en el mercado internacional. Según el profesor Mikel Buesa,  los productos subirían aproximadamente un 5.7% con respecto a los precios actuales. Este encarecimiento, según la OCDE, del precio de los productos catalanes podría llegar al 20% si consideramos los costes de transacción y derivados (efecto frontera). Esto se traduce en una bajada del 3.8% del PIB Catalán. Por otro lado, nos encontramos con los acuerdos preferenciales que actualmente existen entra la Unión Europea y terceros, de los cuales  el nuevo estado no se podría beneficiar al no formar parte de la Unión Europea. Hay estudios que indican que el impacto podría suponer unas pérdidas de hasta el 20% del Producto  Interior Bruto.

Existen precedentes, como es el caso de la República Checa y Eslovaca o Eslovenia y Croacia, donde los flujos de comercio, entre los dos países protagonistas, se redujeron entre uno y dos tercios en los primeros años.

Por otro lado, nos encontramos con el turismo, el cual representa una parte importante de la economía catalana. De media, la región es visitada anualmente por unos 4 millones de turistas procedentes del resto de España y unos 15 millones de la Unión Europea. Existe el turismo procedente de negocios, el cual bajaría de forma proporcional al descenso de la actividad económica, que se ralentizará sin lugar a dudas. Por otro lado está el turismo de ocio, que también disminuirá al engrosarse la burocracia, emplear otra moneda diferente, etc.

 

@jordimule: Otra buena pregunta, pues depende. Si la secesión fuera con todas las trabas posibles, posiblemente existirían fuertes aranceles al comercio catalán, que es claramente exportador, con lo que el PIB se resentiría. Ahora bien, un simple análisis desapasionado de esta cuestión nos debería dar cuenta de que esta situación, por sentido común, no sería demasiado duradera por dos motivos:

El primero es que es fácil suponer que tanto habría aranceles para los productos catalanes como para los productos europeos que quisieran entrar o pasar por Cataluña, incluidos los del resto de España, por aquello de la reciprocidad.

El segundo recae en la posición geográfica del territorio catalán y la falta de infraestructuras que, de momento, substituyan a las que pasan por Cataluña; en pocas palabras, no hay alternativa plausible para el comercio por carretera o tren que no pase por territorio catalán. No es difícil pensar que las trabas al comercio catalán llevaran a trabas al comercio en el corredor mediterráneo hasta que se construyeran nuevas infraestructuras que evitaran el territorio catalán, que prácticamente no existen en este momento y que éstas, además, fueran continuadas por los vecinos franceses, pues no vale aquello de quedarse en la frontera y basta. Tengamos en cuenta el coste que ello supondría para España y para Francia y no olvidemos que Francia está entrando en recesión; es decir, que las consecuencias negativas las viviría toda Europa.

Por ello, igual que en el anterior punto, personalmente prefiero imaginar un acuerdo político que permitiera el libre comercio, como hasta ahora.

Respecto el turismo, ciertamente éste siempre se ve resentido por las crisis políticas, a la bajada del turismo durante este año por lo de Ucrania me remito; ahora bien, seguro que éste se recuperaría cuando se aclarara el asunto político, máxime teniendo en cuenta el potencial de la marca Barcelona, la calidad de los servicios turísticos de Cataluña y el carácter emprendedor de los catalanes; en este sentido, el turismo se podría recuperar más rápido de lo que a priori sería previsible.

 

– ¿Afectaría la secesión catalana a su tejido productivo y empresarial? ¿Se vería envuelto en una espiral de deslocalización?

 

– @josecallejon91: Independientemente de la forma en que se plantee la independencia y el modo de proceder por parte tanto del gobierno central como regional, la deslocalización sería inevitable. La incertidumbre estaría presente en todo momento, siendo está un riesgo muy difícilmente medible por las empresas y, por tanto, muchas de las cuales optarán por trasladarse  a un espacio más consolidado, donde la seguridad institucional y jurídica no esté sometida a fluctuaciones políticas.

El tejido productivo incurrirá en un proceso de descomposición interna, siendo las principales afectadas y, por tanto, las que desaparecerán del escenario catalán con mayor probabilidad, las filiales de firmas multinacionales, que verán un “estrechamiento del mercado” inmediato. El sector químico y el de automóvil serán los más perjudicados.

 

– @jordimule: Esta cuestión también dependería del escenario en el que se produjera la hipotética secesión. Evidentemente, si el nuevo estado fuera inestable jurídica o políticamente, la deslocalización podría ser un hecho, no olvidemos que la inversión de todo tipo, y la empresarial en particular, tiene en general bastante miedo de las incertidumbres. Aún así, de momento, con toda la tormenta política existente, no parece que ninguna empresa por ahora haya optado por hacer sus maletas; quizá den por descontado que no habrá conflicto alguno o quizá no les preocupe tanto como puede parecer. Por otro lado, un estado independiente y soberano también podría legislar al respecto y ofrecer interesantes estímulos para evitar situaciones de deslocalización. Personalmente, prefiero imaginar un escenario un poco más amable, teniendo en cuenta las reflexiones anteriores sobre la situación geográfica del territorio catalán y sus magníficas vías de comunicación por tierra o mar.

 

– ¿Y a los mercados? Es decir, ¿se cuestionaría la viabilidad de la moneda común?

 

– @josecallejon91: Este sería uno de los muchos efectos secundarios que dicha decisión produciría en el conjunto de la sociedad europea. Los mercados son los primeros entes que descuentan este tipo de planteamientos y, por supuesto, cambios tan radicales en la estructura de la Unión Europea supondrían una bajada considerable de la capitalización bursátil de las principales empresas, especialmente de aquellas que se hallen insertadas en el centro neurálgico.

La moneda común, el euro, necesita, al igual que las empresas, de estabilidad, ya que, al ser una moneda relativamente joven, aún no se halla plenamente consolidada y, esto, unido a otras cuestiones, puede derivar en la desaparición de la misma.

No obstante, creo que este escenario sería muy poco probable. Las bolsas bajarían, sí, pero solo durante un breve periodo de tiempo, ya que cuando los inversores estimen que el valor de mercado está por debajo del valor teórico, volverá a fluir el dinero hacia el mercado bursátil. Referente al euro, supondrá un escollo, pero no se traduciría en la desaparición del mismo.

 

– @jordimule: Éste es otro punto que refuerza las tesis anteriores; vamos a ver, si sólo algún rumor de propagación de una enfermedad en África afecta sobremanera a los mercados, ¿qué se podría decir respecto al euro si, de repente, un territorio que tiene el euro como moneda es expulsado de la UE y se le obligara a abandonar esta moneda? ¿Dónde quedaría el prestigio de Europa como territorio de tolerancia y democracia? No lo quiero responder, pues me da pavor. Aparte, ¿a alguien se le puede antojar como posible que Cataluña debiera dejar el euro, máxime habiendo Estados que lo tienen como moneda y no pertenecen a la UE?

Una salida de Cataluña de Europa o del euro podría ser una debacle para Cataluña, totalmente de acuerdo, pero no olvidemos que también podría serlo para el resto de España y para Europa, cuyo prestigio financiero igual tardaría mucho en volver a ser el que fue. Por ello, vuelvo a insistir en que, dejando aparte temas sentimentales, en el caso hipotético que estamos estudiando, seguramente se llegara a un consenso que evitara la crisis económica europea que sucedería a un hecho político tan relevante.

 

– Referente a la deuda, ¿sería ésta impagable por el nuevo estado?

 

– @josecallejon91: Este sería un problema abrumador que normalmente se omite o no se le da la importancia que verdaderamente tiene. Ciertamente la deuda sería impagable. Por un lado destacar que Cataluña es la comunidad autónoma más endeudada del territorio español, atesorando una deuda de más del 30% de su PIB. En paralelo tendría la parte que le corresponde del gobierno central, llegando así la ratio de endeudamiento al 80%. Además de ello, le resultaría imposible adherirse a los mecanismos de financiación impulsados tanto por la Unión Europea como por el Gobierno Central (BCE, MEDE, FLA y PPP).

Asimismo, y teniendo en cuenta que la recaudación impositiva se desplomaría, el gobierno catalán se vería obligado a incrementar el pasivo, generando por tanto más deuda y mayor gasto en intereses.

 

-@jordimule: En caso de secesión, los dos nuevos estados resultantes (porque el resto de España devendría, de hecho, un nuevo Estado), se deben repartir la deuda pre-existente en proporción. Ahora bien, dependiendo del criterio de repartición, cada estado debería asumir una parte mayor o menor de tal deuda; si fuera por territorio, sería un criterio; por población, otro o por peso económico, otro. Posiblemente, en cualquier caso, la deuda que quedara en parte catalana fuera difícil de digerir pero para eso están los tratados internacionales, la renegociación de la deuda, etc.

– Otro argumento hace referencia a la famosa balanza fiscal, la diferencia entre lo impuestos que Cataluña recauda y los ingresos que recibe del Estado. Si suponemos que Cataluña se independizara, también podemos suponer que los ingresos del nuevo Estado derivados de los impuestos también se incrementarían, porque se dejarían de aportar fondos al actual Gobierno Central; por ello, a priori, la devolución de la Deuda también sería más fácil. De todos modos, quedaría por ver cómo quedarían estos ingresos públicos si realmente sucediera una bajada significativa del PIB y, por ende, de la recaudación impositiva.

-Es decir, vuelvo a insistir en que todo dependería de cómo se llevara a cabo esta hipotética secesión; si ésta fuera inevitable y se realizara con algún acuerdo o que se realizara sin él. Deberíamos ver los términos de esta hipotética secesión para poder dar una opinión correcta. No olvidemos que la vocación comercial catalana recae en las exportaciones; si se puede exportar sin trabas, se generarán suficientes ingresos públicos para afrontar cualquier situación, si se viviera una situación de embargo permanente, pues no.


-¿Cómo sería el futuro de ambas naciones?

 

– @josecallejon91: En términos económicos, ambas se devaluarían. En ese sentido, la viabilidad catalana quedaría supeditada a los vínculos que mantenga tanto con España como con el resto de Europa. Por ejemplo, es poco probable que Cataluña pueda seguir utilizando la moneda común, ya que el Banco Central Europeo debe emitir un informe avalando esta posibilidad y, debido al tamaño del nuevo país, el BCE podría mostrarse reticente. En definitiva, con la secesión todos perdemos, pero sin lugar a dudas, Cataluña sería la principal perjudicada.

Es preciso, por tanto, que los delegados del pueblo se sienten y traten de buscar puntos de convergencia, solo así se podrá parar esta descabezada senda en la que ningún colectivo sale ganando. Además, teniendo en cuenta que Cataluña ocupa un lugar geográfico estratégico, la independencia no impedirá que existan vínculos, por minúsculos que sean, es decir, que la relación es y será inevitable, suceda lo que suceda.

 

– @jordimule: Sinceramente, personalmente preferiría un futuro en el que todos pudiéramos vivir en el mismo país, como hasta ahora, pero me gustaría un formato más pluricultural, algo así como Canadá, no con el desconocimiento que creo sinceramente que todavía actualmente existe sobre la realidad social y lingüística del país. También debo añadir que, como a tantos y tantos catalanes, me sorprende la actitud de algunos en esta cuestión, a veces bastante irresponsable y desinformada. Se trata de un tema político que debiera haberse abordado mucho antes, sin frivolidades, sin achacarlo a los deseos de unas pocas personas y evitando echar tanta y tanta leña al fuego desde aquellos medios de comunicación que parecen más pendientes de sus audiencias y desde algunos partidos que parecen más pendientes de conseguir votos con rapidez que del daño infligido a nuestra sociedad a medio plazo.

Dejando aparte estas connotaciones, en caso de secesión no podríamos vivir enfrentados por toda la eternidad, nuestra historia común así lo reclamaría; quién sabe si al final acabáramos formando algo parecido a la Commonwealth británica, en un territorio de libre circulación de personas y trabajadores pero donde cada uno tuviera su propia organización política.