Mes: agosto 2015

Ahora las guerras son financieras

Ahora las guerras son financieras, se desarrollan en mercados e instituciones políticas y se llaman guerras de divisas. La devaluación del Yuan chino constituye, aparentemente, un intento de fortalecer la industria exportadora abaratando sus productos sin reformar el aparato estructural, es decir, China pretende hacer más competitivo al sector exportador en detrimento del importador. No obstante, es un objetivo aparente ya que las autoridades chinas, y algunos analistas, esgrimen otra intencionalidad: liberalizar la cotización de la moneda. Actualmente se fija un tipo de cambio diario a partir del cual, la moneda fluctúa  con una desviación del 2%. Ahora se tendrán en cuenta las negociaciones que se producen en el mercado de divisas.

Sin embargo, el momento en el que se ha producido (caída acelerada de las exportaciones) y las políticas fiscales expansivas que se están desarrollado de forma paralela, parecen indicar que se persigue fortalecer la competitividad por la vía engañosa, es decir, sin aumentar el valor añadido de la producción o mejorar la productividad. La utilidad que el consumo de productos chinos le reporta al usuario europeo o americano, será la misma, sin embargo, consumirá más debido al menor coste que tendrá dicho consumo.

Este tipo de competitividad basada en la modificación artificial, directa o indirecta, de la moneda funcional, se denomina guerra de divisas y transmite un mensaje falso al mercado, porque los sectores no se hacen más competitivos y además, se reduce el sueldo real de la población.

También existen riesgos reales de deflación, no sólo en china, como apuntan Albert Edwards, analista de Société Générale, y Daniel Lacalle.

 

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Dos nombres y un mismo destino

La reciente destitución de Carmona no consolida el liderazgo de Sánchez, sino más bien lo contrario: lo define como un verdadero déspota e intransigente.

“Si hoy se repitiera el congreso, perderían”, afirman miembros representativos del PSOE haciendo referencia al congreso madrileño. Y es que una cosa es predicar y otra dar trigo. La nueva ejecutiva en lugar de hacer equipo y trazar vínculos con la parte perdedora, con el fin de integrarla en el “objetivo común”, han preferido buscar las diferencias y arremeter contra ellos. Guiados, eso sí, por Pedro Sánchez.

Así las cosas, Susana, aguarda impaciente el batacazo que se les avecina en las autonómicas catalanas y, por supuesto, en las generales. Después, tratará de agrupar a la corriente descontenta con el objeto de dar el salto a Ferraz. Éstos la arroparán a cambio de poder interno e institucional.

En esta realidad se mueve el PSOE, que ha intentado, sin éxito, una desesperada regeneración, que ni está, ni se la espera. Además de las luchas internas, que han dividido al partido, especialmente en la Comunidad de Madrid, están inmersos en cuestiones para las que no tienen una estrategia nítida: han pactado con las nacionalistas, no tienen propuesta para una posible reforma constitucional y carecen de discurso ante la problemática griega y catalana.

Su única fuente de votantes potenciales radica en el descontento de los simpatizantes de Podemos, que también está de “capa caída” debido, fundamentalmente, a la escasez de democracia interna y a la, cada vez mayor, distancia entre la dirección y el pueblo.

Creo que en estos días lo mejor es irse a la playa y esperar a que baje la marea, porque “sólo cuando baja la marea, se sabe quién nada desnudo” y me temo que en determinadas agrupaciones ya empieza a hacerlo.